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Lo escuché por primera vez allá por el 2001 más o menos cuando la señal de su programa "El parquímetro" en la Metro se podía escuchar por aire desde Paraná. Fue algo instantáneo, me atrapó la originalidad y espontaneidad del programa. Nunca había escuchado un programa de radio tan extravagante, loco y singular, pero que a la vez me cause tanta gracia y no me permita despegarme ni un instante de los parlantes. Era impresionante cómo al escucharlo me alegraba en cuestión de segundos en esos días de humores de perro cuando tenía que estudiar o me tenía que acostumbrar a la nueva vida en la nueva ciudad. Era un cable a tierra. Una costumbre. Me llevó mucho tiempo hasta entender que era una misma persona que hacía todos esos personajes a la vez, y que tanto me hacían reír a las mañanas. Es más, cuando me lo dijeron no lo podía creer, y al escuchar el programa trataba de demostrar que era imposible que una persona se hable y se responda y cree un diálogo entre 4 personajes sin perder el hilo de la conversación y no se confunda. Y que para colmo sean tan gracioso y natural. Pero sí. Estaba yo equivocado. Era ese tal Peña del que alguna vez había logrado escuchar nombrarlo... pero no sabía que escondía tanto talento. E inevitablemente lo comencé mirar con otros ojos y a admirar. Como artista me parecía un genio, aunque no compartía mucho su filosofía de vida fuera de la radio. Pero sí en cambio me gustaba su personalidad provocadora, verborrágica, ácida, transparente, sin caretas, sin posturas, sin mentiras, desdramatizador social. Recuerdo el día que dijo al aire que era portador del virus del sida. Y el día cuando se despidió para pasar a otro horario y programa porque le habían levantado el suyo por las "malas palabras". Y ya no pude escucharlo más, porque a la noche en el nuevo horario pasaban un programa local… y era tan aburrido! Hasta que lo volví a enganchar por Internet…y no me despegué más… sus personajes seguían vivos, y conocí algunos nuevos que no conocía… aunque algunos partenaires de su equipo del programa ya no estaban más… Ripoll, Wainraich… los nuevos eran igualmente geniales, y la alegría era la misma y la risa también. Y todas las mañanas, religiosamente, ahora desde el trabajo, de 7 a 10 me alegraba el día, me cambiaba el humor, me predisponía a comenzar el día de otra manera y viendo la vida con buen humor, sobre todo, siempre humor y hasta tomarme los problemas y las dificultades con buena onda. Hoy prendí la radio 6.45, no sabía de su muerte. Al leer un periódico on line me entero, y se me hace un nudo en la garganta, y en el pecho. Y se me puso la piel de gallina. Y ya el día no sería igual. Ni ya las mañanas lo serán a partir de hoy. Se fue un gran artista. No sé si buena o mala persona, porque personalmente no lo conocí. Pero a juzgar por lo que me transmitió a mí y a miles de personas día a día por la radio, transmitir alegría es sinónimo de ser buena persona. Un fuera de serie en la radio. Con sus buenas y con sus malas, en la radio no hubo, hay, ni habrá nadie igual. Alguien distinto en tiempos comunes donde las ideas escasean y se acude al chiste fácil y las imitaciones. Alguien que de alguna manera contagiaba alegría y felicidad, por un medio tan sencillo como una radio. Por eso, gracias Fernando por tanta alegría.
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